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Santa Leocadia
En la comarca leonesa del Bierzo   
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FIESTAS



La Romería del Cristo
 San Antonio de Padua


 
En Santa Leocadia, la fiesta del Cristo se celebraba tradicionalmente con una gran romería el 14 de cada septiembre. Era la principal festividad del pueblo, y en otros tiempos una de las más importantes del entorno.

Desde la víspera llegaban comerciantes y cantineros de las localidades vecinas disputándose los mejores sitios del  prado del Chanillo, que era donde tenía lugar el baile. Los demás prados eran ocupados por las  familias que  venían con su meriendas a pasar  un día de fiesta.  No quedaba un hueco libre.

La procesión partía de la iglesia y encabezada por la imagen del crucificado llegaba hasta la ermita del Cristo en las afueras del pueblo. A su lado iba pasando de mano en mano el pendón  (desaparecido  antes de la Guerra Civil ), siendo disputado de manera animosa por los mozos de pueblo.  Una vez acabada la misa en la ermita, la imagen del Cristo y el pendón volvían a la iglesia hasta  el año siguiente.

Entre las anécdotas relacionadas con la fiesta, cuentan que acabada la Guerra Civil las necesidades eran muchas, por lo que a falta de dinero a los músicos se les pagaba con castañas y patatas.

En uno de esos años la recaudación entre los vecinos sólo dio para contratar al acordeonista del pueblo de Cuevas, que tenía la particularidad de ser ciego.

Dicen que a la caída de la tarde, estando todo el pueblo en el baile, alguién alertó: - "¡que vienen los Moros!". Manera habitual de referirse a los soldados a caballo que Franco se trajo de Marruecos, y que una vez acabada la guerra permanecieron un tiempo en la península para tener controlada a la población. Y lo cierto es que el que más y el que menos les tenía verdadero pánico.

Como el miedo es libre y cada uno puede tener el que quiera, la inminente llegada de aquellos hombres hizo que los vecinos dejasen apresuradamente el baile para buscar un sitio donde esconderse. Bódegas, cuadras, pajares, cualquier lugar era bueno si valía para pasar desapercibido, hasta hubo uno que buscó cobijo debajo de un cesto.

Entre tantas prisas y ajetreos nadie se acordó del pobre músico, que había quedado sólo y desamparado en el prado de la fiesta. Aquel hombre al escuchar resoplar los caballos a su alrededor, sólo se le ocurrió gritar puño en alto: "Soy un pobre ciego que no hago daño a nadie. ¡Arriba Franco! ¡Arriba España!".

Según relataron más tarde algunos vecinos, aquellas palabras agradaron a los forasteros. Pero esto no impedió que lo montasen en uno de sus imponentes caballos y se lo llevasen al lugar donde esa noche tenían asentado el campamento para que les amenizase la velada con su acordeón, quedando así  finalizada por ese año la fiesta en Santa Leocadia.

Romería del Santo Cristo







 

















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